ENSAYOS

A 75 AÑOS DE LA “OPERACIÓN OVERLORD” EL DESEMBARCO EN NORMANDÍA Y LA INVASIÓN AL NORTE DE EUROPA, 6 DE JUNIO DE 1944

JULIO E. SOTO SILVA·

“Dos tipos de hombres van a quedar en esta playa, los muertos y los que van a morir”.

Col George Taylor, Regto. Inf 116.  29 Div. USA; Playa Omaha. Día “D”.

El pasado 6 de junio se cumplieron 75 años del Desembarco en Normandía, conocido también como el día “D”, “El Desembarco de la Libertad”,  Operación Overlord”, con grandes celebraciones principalmente en Europa y en lo que fue el escenario de esta monumental operación militar en el norte de Francia en la región de Normandía. Este gran evento bélico, que fue decisivo para el desarrollo de la II GM, marcó un hito en la historia mundial, así como en el desarrollo de las ciencias militares. En efecto, tanto la concepción política y estratégica, la conducción operativa y táctica sumado al gran apoyo logístico hicieron de esta epopeya un hecho que revolucionó a la Conducción Militar en todos sus niveles, estratégico, operativo y táctico, así como la demostración palpable del valor, audacia, liderazgo y sacrificio mostrado por soldados y comandantes de todos los niveles tanto aliados como alemanes. Esto nos lleva a la necesidad de estudiar constantemente hechos como el que hoy se presenta, para analizarlos críticamente y sacar experiencias que permitan reforzar nuestros conocimientos y a aquellos estudiosos de la historia militar incentivar su investigación sobre la particularidad de los sucesos que ocurrieron durante esta operación, en todos los aspectos relacionados con las operaciones militares así como el dirección política del esfuerzo bélico.

El Desembarco en Normandía, realizado el 6 de junio de 1944, puede considerarse una de las grandes epopeyas guerreras de la Historia Militar, tanto por los resultados estratégicos obtenidos como por todo el proceso de preparación, planificación y ejecución. Quizás, lo más importante fue el acertado uso de un concepto que marcó el futuro de las operaciones militares: el accionar conjunto, que impactará el desarrollo de nuevas concepciones de hacer la guerra, usando el poder combinado que entrega el empleo de medios terrestres, marítimos y aéreos bajo un mando único, esencia de lo que hoy conocemos como la “Conducción Conjunta”.

El Ejército alemán tenía sus fuerzas comprometidas en varios frentes. Después de haber perdido África, su mayor esfuerzo defensivo se centraba en el corazón de Italia y en la resistencia del tremendo empuje del Ejército Rojo en Polonia. Por ello, ante la posibilidad de un asalto Aliado a Europa desde Inglaterra, Hitler ordenó la construcción del “Muro del Atlántico” provisto de casamatas para la artillería, bunkers y de toda clase de fortines y obstáculos en la playas, para impedir cualquier posible invasión en todo un frente desde España a Noruega.

Finalmente, ante la insistencia de Stalin -quien quería la apertura de un “segundo frente” en Europa para aliviar el esfuerzo de las fuerzas rusas- en la Conferencia de Quebec, se fijó la fecha para la invasión a Europa, la que se realizaría, de acuerdos a los estudios previos entre Calais y Cherburgo. Debería ocurrir en mayo de 1944, nombrándose al general norteamericano Dwight D. Eisenhower al  mando de la operación como Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas Expedicionarias (SHAEF)[1]. Con ello se conformaba el escenario para esta operación.

El Terreno: Seleccionado el lugar para el desembarco, en el norte de Francia entre la península de Cotentin y el puerto de Calais, se definieron la playas para el asalto anfibio. Todas ellas de acceso fácil, salvo la playa designada como Omaha, con acantilados y fuertemente defendida. El terreno inmediatamente al interior de las playas estaba constituido por ciénagas y pantanos, en algunas zonas, especialmente en el Merderet (sector oeste), los alemanes se preocuparon de anegarlas para dificultar el avance de las fuerzas aliadas y evitar que fueran usadas como zonas de lanzamiento de paracaidistas y de aterrizaje de planeadores. Además, Rommel sembró las zonas aptas para aterrizaje con   postes con explosivos, conocidos como “los espárragos de Rommel”. Además, toda esta zona de la campiña francesa conocida como el “bocage” por los grandes setos, arbustos y árboles que servían como cercos divisores de potreros y caminos constituiría, definitivamente, un obstáculo formidable para la movilidad, tiro y maniobra de las fuerzas.

El Tiempo Atmosférico: También jugó en contra. La decisión final se tomó pocas horas antes del 6 de junio cuando, finalmente, se abrió una ventana de buen tiempo dentro de la peor tormenta que había azotado a las islas británicas en muchos años.

La Inteligencia y Contrainteligencia: El otro elemento fundamental para el secreto de la operación fue Inteligencia. La capacidad aliada de descifrar los códigos alemanes les permitió conocer el despliegue de las fuerzas en el frente oeste. Por otra parte, los aliados realizaron una gigantesca operación de diversión, creando un ejército fantasma apuntando a Calais, o sea, a la parte más angosta del Canal, creando campamentos imaginarios y físicos con gran imaginación y medios de engaño, como tráfico de telecomunicaciones y modelos de caucho inflables de vehículos y tanques. Lo anterior mantuvo a los alemanes hasta el último momento indecisos sobre el real lugar del desembarco.

Las Fuerzas: Como en toda operación conjunta, se reunieron fuerzas de distintos componentes (aéreas, navales y terrestres) bajo un mando único conformándose las Fuerzas Aliadas Expedicionarias, concentrando el mando en el Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria (SHAEF)  con el Comandante en Jefe Supremo: General Dwight D. Eisenhower. En resumen, se contó con un total de 12 divisiones acorazadas, 23 divisiones de infantería, 8 brigadas acorazadas y 3 divisiones aerotransportadas.

Apoyadas por 188 escuadrones de caza, 42 escuadrones de bombarderos medianos, 7 escuadrones de cooperación, 56 escuadrones de transporte y 233 escuadrones de bombarderos pesados, y la Fuerza Naval, que contaba con cerca de 76 buques de guerra y una  fuerza de transporte y apoyo de 5.000 barcos y 4.000 embarcaciones de desembarco de varios tipos. En total cerca de 3.500.000 efectivos.

El frente oeste alemán estaba defendido por el Grupo de Ejércitos del Oeste, al mando del General Mariscal de Campo Gerd von Rundsted. El Grupo de Ejércitos B estaba en el frente de Normandía, al mando del General Mariscal de Campo Erwin Rommel, con 12 cuerpos de ejército. Entre sus fuerzas destacaban 12 divisiones acorazadas Panzer, 5 batallones acorazados pesados, 23 divisiones de infantería, de las cuales 10 estaban asignadas al “Muro del Atlántico”. La Luftwaffe tuvo una escasa sino nula participación en la operación.

Montado este complejo escenario, todo estaba listo para el inicio de la operación, solo mantenido en suspenso por el secreto y por el veleidoso tiempo atmosférico que, como se dijo, entregó una ventana de buen tiempo para el día seis de junio.

LAS OPERACIONES: EL DÍA “D”

En la madrugada del 6 de junio de 1944, designado como día “D”, se inició el desembarco de las primeras fuerzas; a la hora H menos 4, las divisiones aerotransportadas 82 y 101 estadounidenses tomarían Sainte-Mere-Eglise para aislar la Península de Cotentin y la 6ta. División Aerotransportada Británica tocaría tierra al este de Caen y se apoderaría de los puentes sobre el Orne, evitando que los alemanes hicieran llegar refuerzos. El desembarco anfibio se ejecutó entre el Norte del canal de Carentan y el río Orne, designando cinco playas de desembarco: Utah, Omaha, para las fuerzas estadounidenses y Gold, Juno y Sword, para las británicas, canadienses y otras fuerzas aliadas. Luego, se penetraría lo más rápido posible para tomar el puerto de Cherburgo, el nudo de carreteras de Caen y los aeródromos de la zona. Mientras los británicos y canadienses enfrentaban a los alemanes alrededor de Caen, el I Ejército Norteamericano lanzaría un ataque hacia Cherburgo. El desembarco fue apoyado desde el mar y desde el aire en forma permanente que barrió con su artillería y bombardeos los fortines y casamatas cerca de las playas; mientras la aviación aislaba totalmente la zona impidiendo no solo la llegada de refuerzos, sino cualquier desplazamiento desde el interior.

Los progresos iniciales de la operación fueron auspiciosos, salvo la situación de las tropas aerotransportadas norteamericanas que tuvieron un gran número de bajas y dispersión; pese a las grandes bajas sufridas, la gran dispersión de los medios paracaidistas norteamericanos permitió que los alemanes no se dieran cuenta por dónde venía el esfuerzo principal aliado.

El Infierno en la Playa Omaha

En contraste con las otras, la playa de Omaha se convirtió en una verdadera carnicería, por lo dificultoso del terreno y la efectividad de la Div. de Infantería 352, la mejor división de infantería alemana que defendía ese sector. Solo después de mediodía y con grandes bajas se consolidó la cabeza de playa en ese sector.

Las acciones hacia el interior

Los contraataques alemanes no se hicieron esperar, pero el “bocage”, junto a la dispersión de los medios acorazados alemanes, por decisión de Hitler, solo lograron éxitos parciales que no lograron detener el tremendo esfuerzo aliado, salvo en el sector de Caen, donde el avance de las fuerzas británicas fue detenido por casi un mes, con grandes bajas. Un fuerte bombardeo aéreo, que pulverizó a las defensas alemanas y arrasó la ciudad de Caen, permitió que los británicos pudieran ocupar esa localidad recién el 11 de julio. La fiera resistencia de las fuerzas SS Panzer detuvo los esfuerzos aliados. La brecha en Saint-Lo solo se abrió después de un intenso bombardeo aéreo cuyos efectos, al igual que sobre Caen, fueron similares a los de un ataque nuclear. Finalmente, las fuerzas norteamericanas salieron del “bocage” y pudieron avanzar desde el oeste hacia el sector de Argentan – La Falaise, donde cercarían a las fuerzas alemanas, junto a los británicos, cerrando las tenazas el 21 de agosto de 1944 pero, inexplicablemente, dejaron el espacio suficiente para que las fuerzas alemanas restantes se retiraran hacia el este. Esto traería graves consecuencias en el avance hacia Bélgica y Holanda.

A MANERA DE CONCLUSIONES Y ENSEÑANZAS

Si quisiéramos destacar algunos errores, por parte de ambas fuerzas, podríamos decir que la decisión de Hitler de dividir las fuerzas Panzer fue decisiva en su derrota. Rommel creía que el desembarco debía ser detenido en las playas, para lo cual los Panzer deberían estar próximos a ella. Por su parte Von Rundsted pensaba que las divisiones Panzer debían estar concentradas más en la profundidad para concurrir al frente una vez que se detectara el centro de gravedad de las fuerzas aliadas (aún pensaba que podían desembarcar en Calais). Así, Rommel solo contaba con pocas fuerzas Panzer, Von Rundsted con otras pocas. Hitler reservó las más importantes bajo su mando, más a la profundidad. Se dio, finalmente, lo que Rommel temía: “Los Panzer que no estén en las playas no llegarán”…… El general Sepp Dietrich, comandante de las fuerzas Panzer, no fue ni siquiera consultado al respecto por Hitler.  

Por su parte, los aliados no fueron capaces de aprovechar la sorpresa y el ímpetu propios de una ofensiva y se frenaron por su afán de ocupar ciudades, que también fueron hábilmente utilizadas por los alemanes como centros de resistencia, logrando detener los esfuerzos mucho más allá de lo previsto por los aliados y causando grandes bajas.

Esta batalla se distinguió por la inmensa cantidad de ingenios que permitieron salvar los problemas propios de este tipo de operación conjunta. Tanques que flotaban, camiones transformados en lanchones de desembarco, tanques que tendían puentes o un camino para transitar sobre la arena, lanzallamas que abrían brechas en campos minados, e incluso en el “bocage”, muelles prefabricados “Mulberry” y el sistema “Pluto”(Pipe Under The Ocean) o sistema de tuberías de combustible bajo el agua que traía combustible directamente de Inglaterra a Cherburgo y de ahí hacia el interior de Francia, son quizás los más notables ejemplos del ingenio para resolver problemas en este tipo de operaciones.

Finalmente, ¿por qué los aliados fueron exitosos? Por la conformación de un “sistema de sistemas” que incluía mando único y conjunto, junto a un acertado liderazgo, el buen uso de la Inteligencia, medios de apoyo terrestres, aéreos y marítimos en cantidad y calidad, una logística nunca antes vista, ingenio y, lo más importante, hombres, que superando los temores, fatiga, incertidumbre y los horrores propios de la guerra, pudieron mantener el ímpetu necesario para lograr los objetivos previstos para la primera parte de la conquista de Europa. Ello permitió, pese a las diferencias de doctrina, idioma, especialidad y otros factores, conformar la fuerza conjunta y combinada que sería decisiva en la derrota de las fuerzas alemanas y, de paso, sentar un modelo de conducción que hoy es el adoptado por casi todas las fuerzas armadas del mundo: La Conducción Conjunta, que bajo un mando único permite usar la capacidades centrales de cada institución (ejército, armada, fuerza aérea) y aprovechar su sinergia para lograr el éxito en cualquier empresa estratégica.

BIBLIOGRAFÍA

COLLINS, Larry. Los secretos del Día D . Ed. Planeta Esp. 2005.

KEEGAN, John. Six Armies in Normandy, Penguin Books, USA, 1994.

ANEXOS

1. ARENGA DE EISENHOWER A SUS TROPAS

2. INFORME DE LAS PRIMERAS OPERACIONES

3. MAPAS DE LA OPERACIÓN.

ANEXO N° 1

ARENGA DE EISENHOWER A SUS TROPAS

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ANEXO N° 2

INFORME DE LAS PRIMERAS OPERACIONES

Eisenhower_Cable_D-Day

ANEXO N° 3

MAPA DE LA OPERACIÓN (1)

646px-German_depositions_in_France_-_June_1944

ANEXO N° 3

MAPA DE LAS OPERACIÓN (2)

• Master of Sciences in National Security Strategy, NWC, NDU, Washington DC. Magíster en Ciencias Militares con mención en Gestión y Planificación Estratégica, Encargado del Fondo Editorial, Centro de Investigaciones y Estudios Estratégicos (CIEE), de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE). jsoto@anepe.cl ORCID https://orcid.org/0000-0002-4195-4914